Monumentos:

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción:

Construida entre 1694 y 1734 por los arquitectos Miguel de Velasco y Juan Yarza. La planta es de cruz latina, con tendencia a subrayar la horizontalidad. Con:

Torre: Tipo gótico levantino, del siglo XIV.

Altar Mayor.

Retablo de Nuestra Señora del Rosario, en madera policromada.

Retablo de Nuestra Señora del Carmen.

Virgen de los Dolores, realizada por José Ramírez de Arrellano en 1646, autor, entreo otras, de la decoración escultórica de la Santa Capilla de la Basílica del Pilar de Zaragoza.

Museo Parroquial, ubicado en la Iglesia, alberga gran variedad de piezas de orfebrería y pintura.

Como todo templo la iglesia parroquial de Cariñena posee importantes joyas que en la actualidad se encuentran guardadas en la sala capitular. Se accede a ella mediante una escalera  que presenta muy mal estado; en dicha sala y su antesala el visitante encontrará más de una curiosidad y micho arte.

En el terreno pictórico destaca una colección  perteneciente a los siglos XVI, XVII y XVII: cuadro de la Virgen poniendo la casulla a San Ildefonso de Toledo, segunda mitad del siglo XVII o principios del XVIII, un icono de la Virgen. Existe, simismo, un bodegón de gran calidad y dos retratos de fray Juan Bernal, predicador de Felipe II y Felipe III, que se han sido atribuidos a Zurbarán.  El retrato de Juan Bernal es un óleo sobre lienzo de la escuela andaluza de principios del siglo XVII. El personaje del retrato es un ilustre mercenario que murió en Sevilla con crédito de santo, por lo que no extraña que la villa que lo vio nacer quisiera tener un testimonio suyo. En el cuadro el fraile aparece de pie, sosteniendo con su mano izquierda un misal; la figura surge de un fondo neutro. El segundo retrato, de medio busto, bien pudiera ser un estudio previo o boceto.

Otra obra importante es la de la Inmaculada Concepción, que pertenece a la escuela andaluza del siglo XVII, así como el cuadro conocido como la Venida de la Virgen del Pilar. Realizado al óleo sobre lienzo en el siglo XVIII, representa la aparición  a Santiago y sus compañeros de la Virgen a las orillas del Ebro. En el centro de composición, sobre un pilar de gran altura, aparece la imagen de la Virgen rodeada de ángeles.

En dos vitrinas centrales pueden contemplarse, entre otras curiosidades, cálices  y diversos objetos de culto. Sobresale en orfebrería el busto relicario de Santa Ana, comenzado por el platero zaragozano Pelegrín de tapias en 1539 y terminado por el francés Lamaison; esta realizado en plata sobredorada con esmaltes y gemas.

Especial atención merece la custodia de plata que se saca en procesión el día del Corpus y que es del año 1545. El templete consta de un basamento cuadrado con esquinas achaflanadas por los ocho plintos rectangulares en los que se representa a los patronos de la villa.

También destaca el lignum crucis, donado a la parroquia de Cariñena por Pedro Cerbuna, al igual que el brazo relicario de San Valero. Esta pieza tiene la forma de antrabrazo rematado en mano y revestido de una rica  tela gótica decorada con motivos garchofados. Destaca el tratamiento realista del ropaje, que al quedar plegado en numerosos dobles acentúa la sensación de verismo que preside el trabajo.

Otras obras a reseñar son: Santa Ana, La Virgen y el Niño, cama baldaquino de la Virgen de Agosto y la Virgen con el Niño. El primer escutórico está realizado en madera policromada  y representa a Santa con la Virgen Niña que ofrece el Niño a su madre para que juegue con un cesto de frutos que ésta tiene en su regazo. Fue realizado en 1521 por Juan de Salas.

La imagen de la Virgen con el Niño procede  del Santuario de Nuestra Señora de Lagunas. Tallada y policromada sobre madera, se trata de una imagen  realizada en el siglo XVI. La cama baldaquino de la Virgen de Agosto fue proyectada en 1597 por el masonero Juan de Sobas para guardar el cuerpo muerto de la Virgen  en su festividad de la Asunción. No podemos olvidar los catorce libros de coro realizados en pergamino entre 1753 y 1757 por fray Baltasar López, fraile del convento de Santa Catalina.

Otra de las joyas de esta iglesia es su órgano, que en la década de los setenta suscitó gran interés entre musicólogos y técnicos por ser uno de los pocos que se conserva intacto. La mayor parte de sus   tubos flautados son del siglo XV (góticos), al igual que las contras. El realejo (la trompetería y el resto de registros) es de 1732, año en que Bartolomé Sánchez, organero de Zaragoza, cobró de estos registros 350 libras jaquesas. En el año 1762 hubo otra restauración.

Y el órgano de la iglesia, del siglo XV, gótico.

Este templo esta dedicado a la Asunción de Nuestra Señora y construido en 1694, se levantó sobre las ruinas de la antigua colegiata, dedicada a Santa María y que fue elevada a la categoría de iglesia colegial por Jaime I El Conquistador   en el siglo XIII. En el frontispicio, grabado en piedra, está el lábalo de Constantino y las armas del emperador romano, que son un par de bueyes y un manojo de espigas.

El primitivo edificio fue construido sobre el lugar que ocupaba la mezquita mayor (no obstante  no puede determinarse con certeza la existencia de la villa de Cariñena durante la dominación musulmana, el primer documento que existe sobre la ciudad está fechado en 1124). Solo un antecedente: en la crónica de Saint Maixent se dice que tras la conquista de Zaragoza   se entregaron  ocho ciudades y se habla de SARRANUNA, que ha sido identificada por el profesor Antonio Ubieto como Cariñena.

No se poseen datos acerca de la fábrica primitiva, que sería destruida en 1363 por las tropas castellanas que asolaron la villa; este templo fue sustituido por otro de fábrica gótica, que a su vez sería sustituido por el actual barroco.

El antiguo templo del que se conservan varios retablos, como el de la Virgen del Rosario (siglo XVIII) y una pila bautismal del XVI labrada primorosamente, tenía siete altares, tal y como dice la Bula  del papa Urbano VIII, que en el año 1631 concede indulgencia a cada uno de ellos: altar mayor, de Santa Teresa, San Joaquín, Santa Ana, San Antonio de Padua, Nuestra Señora del Rosario y altar del Santo Crucifijo. Consta que en la sacristía había un altar del Rosario.

El coro estaba situado en la entrada de la iglesia y en lo alto. Del mismo se salía a la torre por una puerta y por otra se entraba a la sala capitular. El 12 de diciembre de 1693 manda el arzobispo de Zaragoza. "Miren de alargar el coro y dejen un callejón por detrás para pasar a la torre y la sala capitular y mejor hacer un coro bajo, elevado con tarima para que no haya humedad, como actualmente se hace en otras iglesias".

La torre campanario, de estilo gótico, podría haber tenido un claro carácter militar, con muros en sillar, base octogonal y ángulos en chaflán. Consta de cuatro plantas que culminan en una banda de matacanes y arco de medio punto que apoyan sobre  ménsulas y escalera de caracol; es de gran altura, robusta y severa, de excelente sillería, que contrasta con el ladrillo de la iglesia contigua.

Aparece documentada en la segunda década del siglo XV si bien su construcción se fecha en 1375, con motivos de la restauración de las murallas de la ciudad a iniciativa de Pedro IV tras ser destruida durante la ocupación castellana.

La antigua iglesia fue demolida en 1694; en ese momento comienza a construirse la actual sobre la superficie de la anterior ampliándola. El nuevo templo se dedica a la Asunción de Nuestra Señora y está construido en ladrillo y  yeso. La planta es basilical con tres naves, ocho capillas entre los contrafuertes, cabecera muy profunda y poligonal de orden  corintio y triforio en el crucero. La nave central está cubierta   con bóveda de lunetos  y cúpula sobre pechinas en el crucer; el altar mayor  se eleva sobre una base de pequeñas dimensiones entre cuatro columnas jónicas de mármol negro.

Se trata de una arquitectura moderna  y majestuosa por sus dimensiones. La fachada es muy sobria tanto en su disposición como en sus elementos decorativos y cuenta con dos  accesos laterales formados por  un arco de medio punto, construidos ambos  en piedra caliza, cuya única decoración  se detalla con el  primer escudo de la villa que se encuentra sobre el arco de la Epístola. En su interior destaca en el presbítero el baldaquino en mármol y madera policromada con cuatro columnas salomónicas, donde se localiza la talla de la Virgen de la Asunción.

El coro es bajo y tras él, el altar mayor con treinta y tres asientos de nogal, correspondientes a los sacerdotes que había en la parroquia cuando se construyó. La sillería costó a onza de oro cada asiento y como curiosidad cabe destacar que se hizo a expensas de las personas  enterradas en las mismas puertas del coro. Los treinta y tres sitiales fueron realizados por José Ariza a mediados del siglo XVIII; son todos idénticos  a excepción del principal, donde se sentaba el vicario, que está decorado con un relieve dorado que representa a la iglesia, flanqueada por las imágenes de San Pedro y San Pablo. Existe, además, un facistol de madera  realizado por el mismo autor en 1755.

La construcción de la iglesia corresponde a finales del siglo XVII y principios del XVIII y para la misma se buscó a los albañiles Miguel de Velasco y Julián Yarza, con gran prestigio en Aragón. El actual templo quedó inaugurado el 27 de febrero de 1734: " Por la mañana se hizo la bendición del nuevo templo de la villa de Cariñena, con el concurso de todo el Capítulo y por la tarde se celebró una solemne procesión con el cuerpo de San Columbano".

Los altares de esta iglesia, más de quince, constituyen una joya patrimonial y arquitectónica. Comenzaremos el recorrido deteniendo nuestros pasos en el altar mayor: realizado en el primer tercio del siglo XVIII, su baldaquino es uno de los más bellos de Aragón. La imagen que preside el altar es la de la Asunción de la Virgen, policromada, de precisa ejecución; mantiene semejanzas con la de Santa María de Daroca.

Quizá el altar de la Virgen del Rosario sea uno de los mejores de la iglesia con su retablo policromado, que representa los misterios del Rosario y que es una obra romanista del escultor Juan Miguel Orliens. Esta fechado en 1626 y parece, según consta en un lateral de dicho retablo, que fue dorado y policromado dos años después por Juan Domínguez y Cristóbal Pardo.

Este retablo fue encargado por el Concejo de la villa a Juan Miguel Orliens, junto a la construcción y decoración  de la capilla en la que iba a quedar alojado, algo no extraño dentro de la producción del autor si se tiene en cuenta  que en 1614 ya había contratado la obra del convento de Ayerbe.

Consta de sotobanco, banco, un cuerpo dividido en dos pisos y ático, destacando los relieves que representan  la Visitación, la Epifanía  y la Natividad, así como las esculturas de bulbo del ático, sobre todo las que representan el Calvario.

Otros altares son: el de San Columbano, obra del barroco tardío; el de San Joaquín con la Virgen en sus brazos, que tiene una buena pintura  de la escuela madrileña de principios del siglo XVII, el de la Virgen del Carmen, obra barroca  importante  del último tercio del mismo siglo; el del altar del Corazón de Jesús, el de San Valero, el de San Juan bautista, San Antón, el del Santo Cristo de la Peña, con una talla del Santísimo de muy buena factura de principios del siglo XVII. En la parte central se encuentran los altares de san Miguel, San Pedro, San Cristóbal y San Ramón Nonato.

Uno de los altares en los que merece la pena que nos detengamos es en el de la Dolorosa. En éste se encuentra una importante talla del Santo Cristo, muy venerado en el desaparecido convento de los franciscanos mínimos de Santa catalina y que donó la familia Gayán en el año 1676. En un principio se trataba de un Cristo crucificado al cual se le articularon los brazos, convirtiéndose en un Cristo yacente.

Por último llegamos al altar de la Virgen del Pilar, de estilo barroco del siglo XVIII, y que sustituye al anterior, que se quemó el 1 de enero de 1932. Se trajo de la desaparecida iglesia de San Andrés de Zaragoza en el año 1933.

Adosada a la iglesia se encuentra la capilla de la Purísima, que   en otros tiempos fue la capilla o iglesia de San Martín, destruida cuando sirvió de fuerte y en la que había un panteón desde se daba sepultura a los nobles.

Dentro de esta capilla hay tres retablos, destacando el de la Purísima  Concepción, anteriormente dedicado a Santa Catalina de Alejandría. Se trata de un retablo pictórico del siglo XVIII atribuido por Emilio Moliner Espada  a José Luzán. El retablo cuenta con banco, cuerpo principal con tres calles y ático.

Visitas guiadas: 10,30 - 12,00 desde la propia Iglesia.